Hoy, buscando en internet un dato sobre un libro de J.K. Galbraith me topé con la siguiente crítica: El epitafio intelectual de Galbraith
Antes de nada quiero dar las gracias a su autor, porque sufro de lapsus graves de memoria, y desde hace dos semanas que andaba intentado recordar la palabra “Epitafio”. Me salí epifanía, epístola, y elegía… pero epitafio no llegaba. Gracias!
La razón de este post es manifestar mi profunda tristeza ante tan evidente demostración de es-tu-pi-dez. Este libro, del que habla Juan Ramón Rallo, ha sido para mí como un bálsamo de serenidad, un consuelo… al leerlo vi que no, ni estoy tan loca, ni soy tan tonta… En fin! que comparto la visión que Galbraith expone en ese libro al cien por cien, y me agrada enormemente ver que no es una desfachatez lo que pienso, que a lo mejor tengo razón, que a lo mejor comprendo el mundo. Esto era lo que me preocupaba: puede ser que yo no comprenda las cosas como son? puede ser que la realidad que yo veo esté desfigurada…. tanto? La otra opción era pensar que no estaba equivocada, pero que era la única persona del mundo mundial que pensaba lo que pensaba, y esto era tan tremendo que daba miedo pensarlo eh… es decir, el mundo entero vive en una mentira globalizada tejida por multitud de mentiras entrelazadas y pequeños engaños a la verdad, y yo soy la única que se está dando cuenta… No, no podía ser. Así que ahí estaba, a la expectativa, esperando que llegase alguien y me dijese “no María! no estás loca! yo veo las cosas igual que tú, y sé de lo que hablo! no soy nuevo en esto, he vivido, he experimentado, y he llegado a la misma conclusión que tú!” Y ese momento llegó, llego Galbraith, y su librito, nuevo de paquete, en la biblioteca… Y yo, pobre ignorante, no lo conocía. Por eso es comprensible que pudiese llegar a pensar que sólo yo veía tanta mentira, porque soy una ignorante y, como quien dice, acabo de empezar a vivir.
Y ahora, una noche cualquiera, me meto en internet y leo lo siguiente:
“Galbraith no ha sido capaz de explicar la realidad con una teoría sólida, y por ello propugna fijarse exclusivamente en lo que él considera una realidad objetiva. Lástima que la realidad adquiera su forma una vez la hayamos interpretado a partir de una teoría previa. La estratagema de Galbraith consiste en exponer unos “hechos” probados e irrefutables que no son más que pésimas explicaciones ideologizadas del mundo que nos rodea.
En mi opinión, el autor de esta crítica ni entiende ni quiere entender al Sr. Galbraith, y me toma por tonta. Es necesario explicarle que Gralbraith asimila el concepto de realidad a la verdad? es necesario explicar que la vida real, es decir, lo que predomina, lo que nos rodea y condiciona inevitablemente, no tiene por qué estar fundamentada en la verdad? Es posible que él no lo vea?
Siempre he pensado que el escudo de este tipo de gente está, no sólo en ridiculizar al que critican, sino también en obligar a aquellos que estén en desacuerdo a caer en el ridículo intentando hacerle ver lo que, sinceramente, es tan evidente. Cosas como que la publicidad influye en la demanda… manipula a las personas ¿Qué no lo ve? Entonces es que no tiene usted dos dedos de frente. Despierta.
No vale la pena caer en el ridículo, ni exasperarse, ni gastar el tiempo en alguien tan ciego que no quiere ver. Mejor dedíquense a leer el libro de J.K. Galbraith (La economía del fraude inocente editorial Crítica) al que alude la crítica, y si ya lo han leído y quieren seguer navegando por internet pueden detenerse en el artículo de Antón Costas, del 23 de diciembre, donde nos explica la diferencia entre un timo y un fraude.
Yo… por hoy es suficiente.
Mañana será un nuevo día.

